
Desde
su restauración en 1999 y tras 21 años de trabajo han sido muy pocos
los privilegiados que han podido visitar una de las mayores
genialidades de Leonardo da Vinci. El fresco pintado en una de las
paredes de la Sacristía del Bramante, después de su restauración, sólo
admite visitas contadas: grupos de 20 personas como mucho y una larga
lista de espera para ser uno de los elegidos.


