

¡ Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer…
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña en este
mundo de duelo y aflicción.
Miraba como el alba pura,
sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura,
Hecha de noche y dolor.
Yo era tímido como un niño;
ella, naturalmente, fue
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé…
¡Juventud, divino tesoro
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer…
La otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su contínua ternura
una pasión violenta unía.
Era un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía…
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé…
Y le mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe…
¡Juventud, divino tesoro
te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer…
Otra juzgó que era mi boca...
Rubén Darío
( 1867-1916)



























Comentarios recientes
hace 1 semana 6 días
hace 1 semana 6 días
hace 3 semanas 1 día
hace 3 semanas 1 día
hace 5 semanas 19 horas
hace 5 semanas 3 días
hace 5 semanas 6 días
hace 5 semanas 6 días
hace 5 semanas 6 días
hace 5 semanas 6 días