¡ Infarto !
Imagen de angel pablo pinazo astudillo
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Un fuerte dolor en el pecho, a la altura del corazón,
dolor en la espalda y algo que me sofocaba
me obligó a ir de urgencia a una clínica
donde luego de revisarme me internaron, por precaución.

Casi de inmediato un equipo médico me visita
y me trasladan raudamente a la sala de terapia intensiva.
Allí me practican todo lo necesario para compensarme, me dicen:
electrocardiogramas, y continuamente me toman la presión.

Me hacen exámenes de sangre, me ponen inyecciones,
me dan píldoras a tomar, otras pastillas...no puedo descansar.
Y así deberá estar en estudio...atendido a cada momento,
hasta que llegue el turno para que me puedan intervenir.

No pude ver esa cantidad de imágenes que dicen
que en esos momentos suelen aparecer en nuestras mentes
cuando a toda prisa, recostado sobre una camilla
me conducen a través de ascensores y pasillos.
De pronto el movimiento se detiene, no quiero abrir los ojos.
Me pasan a través de una puerta de acero y me dejan en espera.
Sin darme cuenta, estoy en medio de una sala de operaciones

La ansiedad por saber qué me irán a hacer los cirujanos
me hace sentir agitadas palpitaciones, la boca se me seca,
un estremecimiento recorre mi cuerpo desnudo, indemne,
desamparado terrenalmente, entregado sólo a los designios de Dios.

Llega el momento. Es el turno para ser intervenido.
Me ingresan al quirófano, una potente luz central encandila mis ojos,
me ciega por momentos. Intento ver bien...sólo sé que logro divisar
no sé si dos, tres o más médicos moviéndose a mi alrededor.

¡Tranquilo! – Vamos a hacerle ésto y ésto otro. No se mueva.!
¡Me anestesian!-¡No siento nada! – ¡Se me cierran los ojos!.
No sé si eran sombras chinescas las que veía en mi imaginación.
El tiempo transcurrió... sin poder tener noción yo del mismo.

Al despertar me veo nuevamente en la sala de terapia intensiva.
Enfermeros sonrientes vienen y van haciéndome decenas de exámenes.
De pronto siento que oigo una voz que me dice: ¡Está todo bien!.
¡Le intervinieron a tiempo! – ¡Ahora depende de usted su pronta recuperación!

Aspiro profundamente, abro bien los ojos y agradecido digo:
¡Gracias, Señor, por darme una nueva oportunidad!.
- He nacido de nuevo.
Ha sido mi primer infarto!

@ angel pablo pinazo astudillo
Imágenes sólo a título ilustrativo