Tras la ruptura de Moyano, puede haber hasta cinco centrales sindicales.
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A la división producida en 2010 en la CTA, se suma la posibilidad concreta de que la CGT quede fracturada en dos, luego de los comicios del 12 de julio. Barrionuevo seguiría con la CGT Azul y Blanca.

Lejos quedaron los años en que el movimiento obrero se mostraba unido y combativo. Las pujas internas y las ambiciones políticas de sus dirigentes muestran hoy un panorama de fragmentación, que se podría ampliar ante la inminente fractura de la CGT.

La decisión de Hugo Moyano de competir por un tercer mandato al frente de la central obrera, y la disputa con el Gobierno, abrieron un frente de conflicto que culminará con la principal organización sindical dividida de hecho: un sector alineado con el Ejecutivo nacional, posiblemente encabezado por el metalúrgico Antonio Caló, y el moyanismo, que ya anunció que no aceptará una posible impugnación del Ministerio de Trabajo al proceso eleccionario.

Moyano sabe que no podrá legitimar su reelección, porque buena parte de los gremios afiliados a la CGT anunciaron que no participarán del Congreso del 12 de julio, en el que se deberá elegir al nuevo Secretario General. Pero está dispuesto a seguir adelante, y quedar al frente de la CGT no kirchnerista. El paro y la movilización del Miércoles ratificaron el rumbo del dirigente camionero.

Enfrente, "Gordos" e "Independientes" conformaron una alianza para terminar con la conducción moyanista, y tienen el favor del kirchnerismo. La impugnación presentada días atrás en el Ministerio de Trabajo, que casi con seguridad tendrá vía libre, les abre el camino para quedar al frente de lo que sería la CGT oficialista, con la posibilidad de que Antonio Caló sea el nuevo Secretario General.

En el medio está Luis Barrionuevo. El Gastronómico formó años atrás la CGT Azul y Blanca, y aunque en el último tiempo se unió a la oposición a Moyano, el fuerte sesgo kirchnerista de ese sector lo dejaría fuera de carrera, ya que tampoco está dispuesto a acercarse a la actual conducción de la CGT.

La CTA, de la alternativa a la división

Por fuera de las disputas cegetistas, la Central de Trabajadores Argentinos también tiene sus propios conflictos. Surgida al inicio de la década menemista como una alternativa a la CGT, que avalaba el proceso privatizador de los '90, el kirchnerismo provocó en ella una fuerte división interna, con un sector aliado y otro disidente.

Las elecciones de 2010, que enfrentaron a Hugo Yasky y a Pablo Micheli, terminaron en escándalo, y no hizo más que oficializar la fractura.

Por un lado, Yasky se mantuvo al frente de la denominada CTA oficialista, con una relación directa con el Gobierno Nacional, que lo reconoce como el titular de esa organización obrera.

Enfrente, Pablo Micheli se declaró abiertamente antikirchnerista, y al final de aquel año llamó a elecciones complementarias, que no fueron avaladas por Yasky. Micheli se autoproclamó Secretario General de la CTA, en una decisión que aún mantiene cuentas pendientes con la Justicia.

Micheli se muestra cercano a sectores de izquierda, y en las últimas semanas pugna por sumar a Hugo Moyano a un paro nacional. Sabe que el impacto movilizador de su sector sumado al del dirigente camionero tendría un alto impacto político.

Así, el escenario sindical en la Argentina se presenta cada vez más fragmentado. Todos pugnan por sus objetivos personales, y la cercanía o la lejanía con el Gobierno los diferencia, en un juego político que, muchas veces, poco o nada tiene que ver con la defensa de los derechos de los trabajadores.

Fuente: Infobae – 02.07.2012 - Por Juan Pablo Elverdin