

Cada uno de nosotros si se pusiese a contar la cantidad de personas que ha conocido a través de su existencia creo, parodiando a Julio Verne,
recorrería dos o tres veces el camino de la Tierra a la Luna.
Son pero innumerables las personas que uno tiene la oportunidad de ver
en su vida, sobre todo para aquel que ha debido vivir en muchísimos lugares o países, o la de aquellos con inmensas familias numerosas cuyos integrantes a veces ni se alcanzan a conocer.
Sin embargo, los amigos que uno ha hecho son pocos, nunca comparables con los "conocidos". Generalmente la amistad se cultiva en la infancia, niñez, adolescencia, juventud y adultez y los recuerdos que se guardan sobre ese "compañerismo" son inolvidables.
Cuando por diversos motivos los caminos se separan y no los volvemos a ver más es como si realmente esas personas "murieran" físicamente en nuestro entorno inmediato y a menudo uno los reemplaza con nuevas amistades que pasan a "ocupar" ese lugar vacío, dejado por aquellos que quedaron atrás en nuestro camino.
Uno solo alimenta el deseo de volver a verlos algún día o se olvida de ellos, pero lo que no se borra en nuestra memoria son los recuerdos de los momentos compartidos.
Y cuando con el tiempo. sobre todo cuando han transcurrido muchísmos lustros y décadas y uno, por esas casualidades vuelve a saber de ellos, es como si fuese una resurrección, tal cual.
He tenido la dicha de reencontrame con una amiga y un amigo de mi adolescencia y juventud, que fueron parte de esa etapa hermosa de mi vida que nunca podré borrar.
Y les cuento? - Me he sentido tan feliz pues me ha dado la impresión de haber encontrado testigos de momentos de mi vida, que a la postre, no dejan de ser eso, pues con los amigos uno ha tenido vivencias que guarda
por siempre en su corazón.
Y eso me ha producido el volver a encontrar a dos amigos en el tiempo, aunque enorme distancia nos separan, gracias a esta nueva tecnología; la computadora, nos está permitiendo acercarnos cada día más, hasta ver si podremos zanjar tanta ausencia en cada una de nuestras vidas y ponernos al día sobre ellas.
Estoy feliz de haber reencontrado a la " flaca " Verónica de Belda y al
" pelao " Ricardo Costa Avendaño, amigos muy queridos y recordados.
Además resulta asombroso el poder de síntesis que debemos emplear para contar, narrar , escribir y describir los tantísimos años de una amistad ausente.
Eramos adolescentes soñadores y hoy nos reencontramos jóvenes mayores abuelos ya.
¿ Tendremos tiempo para contarnos todo lo que nos ha pasado mientras duró la ausencia de uno con los otros ?
- Chi lo sá. Cést la vie.



























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