Unos 70 bachilleratos populares son la alternativa de muchos para terminar el ciclo secundario.
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Unos setenta bachilleratos populares con fuerte arraigo barrial, que funcionan en empresas recuperadas y organizaciones sociales de todo el país, son la alternativa para jóvenes y adultos para terminar el secundario en espacios donde profesores y estudiantes aportan por igual en la construcción del conocimiento.

"La educación popular busca la transformación de la realidad a través de brindar herramientas para lograr una mayor justicia social, es una propuesta político-pedagógica", explicó a Télam Fernando Santana, integrante de la Cooperativa de Educadores e Investigadores Populares (CEIP) y del Bachillerato Popular del IMPA.

En lo concreto esta concepción se traduce, entre otros puntos, en "romper con la idea de que el profesor es el que sabe y el estudiante es un recipiente vacío, aquí el conocimiento se construye a partir del intercambio de ideas", detalló.

Antes de conformar la cooperativa, los integrantes de la CEIP ya venían trabajando sobre educación popular hasta que a mediados de 2003 empezaron a articular con la fábrica recuperada IMPA y al año siguiente abrieron el primer bachillerato popular.

“Las empresas recuperadas siempre tuvieron un germen cultural y de devolución al barrio por las ayudas que les han brindado en su territorio durante el proceso de recuperación”, señaló Cecilia Warhol, quien participó de aquella experiencia en IMPA y hoy es integrante del Bachillerato Popular que funciona desde 2007 en la imprenta Chilavert, otra fábrica recuperada por sus trabajadores.

Y agregó: “Aquí hay una anécdota muy linda que es que un vecino hizo un boquete en su casa para que desde la imprenta pudieran sacar unos libros porque adelante estaba la policía.

Entonces, hacer un centro cultural y un bachillerato es una forma de brindarse a ese barrio que antes contuvo”.

Además del estrecho vínculo con el barrio, la dinámica de las clases de estas escuelas es también similar en los diferentes espacios: se plantea el tema y se busca la participación de los estudiantes a través del debate.

“Si bien hay un pizarrón nos sentamos en forma circular para evitar esa distancia entre los profesores y los estudiantes”, describió Magdalena Roggi, del Bachillerato Popular del Movimiento Popular la Dignidad que está en Villa Soldati.

Maga, como la llaman sus compañeros, explicó además que la máxima autoridad del “bachi” -como ellos lo llaman- es la asamblea de docentes, estudiantes e integrantes de la organización que se reúne una vez por mes y en donde se debaten todos los temas concernientes al funcionamiento del espacio.

La educadora planteó también las dificultades de adaptar la educación popular al formato de un bachillerato donde hay que brindar contenidos específicos.

“En matemática no es fácil, hay que partir de ejemplos de la vida cotidiana. También hacemos juegos, por ejemplo de cartas, y evitamos los contenidos que no tienen aplicación”, coincidió Maru, la profesora del área de exactas del bachi de Chilavert.

Para los estudiantes, asistir a los bachilleratos populares es al principio una opción para terminar el secundario, pero con el tiempo esa visión se va ampliando y aparece un compromiso con el espacio, con el barrio y con el resto de la sociedad.

“Yo tenía un nene chiquito y quería darle el ejemplo de que había que estudiar. Me enteré de que había una escuela donde podía terminar el secundario en tres años y me anoté”, cuenta Margarita García, quien luego de recibirse en el Bachillerato Popular Raíces de Las Tunas comenzó a militar en ese espacio y hoy es pareja pedagógica de un profesor.

Y agregó: “con el paso del tiempo uno va entendiendo cuál es el proyecto político pedagógico del que forma parte, te transformas en un sujeto crítico y te involucras con la problemática social que te rodea”.

Más allá de esto, los estudiantes valoran lo dinámico de las clases y la gran tolerancia ante situaciones personales.

“Hice varios cursos y talleres, pero ahora quería hacer el secundario. Una ventaja que tiene esta escuela para mi es que puedo traer a mi nena de cinco años a clase. Ella se porta muy bien, pero no en todos lados te permiten llevarla”, comentó Florencia Sairitupá, estudiante de primer año del "bachi" de Chilavert.

Sentada a su lado, Claudia Cerquetti, otra estudiante, señaló: “tuvimos pocas clases todavía, pero lo que pude ver me gustó mucho, es muy dinámico. No es como en los otros colegios que el profesor habla y uno sólo puede obedecer. Acá se busca el consenso de todos, se debaten todos los contenidos. Y esta participación hace que sea más divertido”, apuntó.

Distinto es el caso de Leandro Santana, un estudiante de segundo año del "bachi", que se acercó sabiendo lo que era la educación popular: “Me interesó la propuesta porque aquí no hay jerarquías, no hay división entre el estudiante y el profesor, es una mirada integradora, los dos están en el mismo nivel y uno va a aprendiendo del otro”.

En Argentina existen unos setenta bachilleratos populares que se nuclean en tres colectivos: la Coordinadora de Bachilleratos Populares, la Red de Bachilleratos Populares y la Coordinadora de Bachilleratos Populares del Oeste.

Fuente: Telam – 02.04.2012
Imagen sólo a título ilustrativo