
No es un tema de Gestión, pero su contenido puede incendiar al
continente, por eso lo escribo. Me congratulo de estar en calidad de
observador directo, y ser
participante de un curso práctico acerca de cómo se asesina a la
democracia. No es la mejor democracia, estamos de acuerdo; pero, en
todo caso, es perfectible en la medida de que los actores de esta
sociedad boliviana se pongan de acuerdo y lleguen a consensos de cómo
quieren vivir juntos. Pero nadie quiere dar
su brazo a torcer: el gobierno que corre en pos de su proyecto abierta
y declaradamente totalitario al estilo Chavez o Castro (ya no lo
esconden ni disfrazan), y la oposición en su multi-estructura de
intereses, en la que nadie sabe donde está la pelota ni para donde hay
que patearla, guiada por la brújula de sus bolsillos. En el fondo, y
como “ruido de fondo”, esa inmensa mayoría silenciosa que nunca habla
ni nunca interviene y que se va acomodando a las siempre cambiantes
circunstancias. Y en los costados, como mudos espectadores, los que
deberían defender a esta joven democracia, las FF AA y la Policía,
actualmente acalladas por los dineros que generosamente envía Chavez a
sus mandois superiores. Es un cuadro realmente patético.
El resto del post en El Describidor.



























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